Para nadie es un secreto que en AI-Perú la desconfianza se
ha enraizado entre la membresía.
Es muy importante por ello, la transparencia del CD y demás
instancias para allanar un buen clima institucional entre todos/as.
Más allá de esto, hay que mejorar la actitud de la membresía: tener mayor respeto
y empatía con cada compañero y compañera.
Es momento de asumir -con la mente y con el corazón- un
concepto fundamental: la buena fe entre nosotros.
Todos y todas queremos un mundo más justo. Luchamos por los Derechos Humanos.
Tenemos diferencias en el cómo, pero no en el qué. Hay diversidad
de enfoques y estilos.
Enhorabuena que así sea. Una institución como Amnistía crece
en la diversidad. Nadie aquí pretende la uniformidad.
Pero una cosa es abordar la diversidad bajo la premisa de la
buena fe y otra es asumir que el compañero o la compañera actua de mala fe.
Lo primero nos lleva al debate, al diálogo, al sano
intercambio de puntos de vista.
Lo segundo nos conduce a la confrontación y a la descalificación
personal que entorpece nuestro camino común.
Gestión tras gestión, veo cómo cada vez más la membresía
desconfía entre ella misma y frente a sus representantes elegidos.
Esto debe terminar. He conocido diferentes presidentes:
Sandra, Jorge, Diana, Luis Alonso. De todos y todas se ha desconfiado -siendo personas
honestas- a cada cual peor.
Ya llegará el momento de evaluar la labor de la actual
presidenta Dygna Miranda. Aciertos y errores ha tenido, como todos. Pero de
algo que yo no dudo es que ha actuado de buena fe.
Ahora que Dygna culmina su período quisiera decir
abiertamente que valoro su entrega y compromiso y que la felicito.
Y aunque que al decir esto último pierda opciones mi
candidatura, si con estas palabras he
puesto mi granito de arena en pos de un mejor clima de confianza, pues creo que
vale la pena el “riesgo”.
Confianza ya.

